La autoestima deficiente como obstáculo en el proceso de recuperación (parte 2)

Es muy común encontrarse en el proceso de recuperación con un catalizador de sobriedad: El servicio, con él, las personas que eligen servir y sacrificar su tiempo, dinero y esfuerzo por construir las mejores condiciones posibles para alcanzar al mayor número de personas que quieran un estado de sobriedad.

Dichos “servidores” forman parte de una pequeña organización llamada “mesa de servicio” en la que buscan, mediante trabajo en equipo y colaboración, hacer que suceda cada mes un inventario al que denominamos “experiencia”.

 La autoestima deficiente como obstáculo en el proceso de recuperación (Parte 1)

Es aquí donde los servidores acceden a una dimensión de desgaste constante, dicha fricción o desgaste que no se da en el cuerpo, sino en la autoestima, frecuentemente pone al servidor en contacto con la crítica, la desaprobación y la resistencia de sus compañeros servidores, o de quien evalúe su rendimiento (líder). Para servir en una mesa de servicio se requiere trabajar por una autoestima mejor entendida y así poder resistir los desafíos que el servicio tiene para el servidor.

Algo acerca de la autoestima es que no se trata de cantidad sino de calidad, mejor dicho, no se trata de tener mucha autoestima, más bien se trata de un conjunto de valores que acompañan a la autoestima, la serenidad, la calma o la aceptación son ejemplos de ello.

Si, al enfrentar una circunstancia difícil el servidor se vanagloria o sobrevalora sus capacidades pensando que con eso el desafío va a ser menos complicado, entonces estamos ante un caso cuantitativo y no cualitativo pues, todo ese edificio de autoestima no resistirá el menor análisis concienzudo, no resistirá la crítica y mucho menos aceptará de buena gana la posibilidad de que otro desempeñe mejor su trabajo.

Un signo de autoestima cualitativa es que el servidor sea perseverante, paciente, pero también “puede renunciar sin sentirse humillado ni buscar excusas”. Es decir, un ser humano que sirve en una mesa de servicio constantemente se enfrenta a la crítica, en consecuencia, existe siempre la posibilidad de abandonar o renunciar cualquier proyecto que decida emprender, pero si el servidor no se esfuerza en desplazarse de la cantidad a la calidad, cada fracaso significará la inevitable sensación de ser humillado al fallar.

Lo que no sabe dicho servidor es que sencillamente ha fallado, de tal suerte que no repara en abandonar toda posibilidad de sofisticar sus métodos para realizar mejor sus proyectos.

Puede renunciar sin sentirse humillado ni buscar excusas”

Christophe André. (2010). Prácticas de autoestima. Barcelona: Kairos.

La experiencia que tengo de servicio es algo similar a la de un miembro de grupo que llegó a vivir su experiencia con muchas deficiencias en la autoestima, sobre todo con la idea de que era mejor llenarse de falso optimismo al inicio de cualquier proyecto, y de esta forma sentir que iba a lograr la mejor hazaña posible rápido y fácil. Sin embargo, las críticas constructivas (o no) de cada compañero de servicio hacían que dicho optimismo decayera fácilmente, me ofendía y decidía abandonar sin ninguna ambición de mejorar o corregir mi proyecto. Me tomó mucho tiempo y mucha resiliencia invertir más en incrementar la calidad de mi autoestima que en la cantidad de optimismo, a veces eso te hace pensar en las cualidades que sí son tuyas y también en la gente que puede colaborar contigo conociendo tus propias debilidades de manera más honesta.

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