Fe y humildad: Claves para el desarrollo del carácter (Parte 1)

Recientemente hemos encontrado en textos cuyo tópico es el carácter, una comparación entre dos personalidades naturales del ser humano: Adán I (utilitarista), y Adán 2 (moral).

Ambos arquetipos del libro “El camino del carácter” escrito por David Brooks, son confrontados con el fin de iluminar sus diferencias, por ejemplo, Adan 1 que se preocupa por perseguir su propio interés, mientras que, por otro lado, Adán 2 “tiene que dar para recibir, debe someterse a algo fuera de sí para adquirir fortaleza dentro de sí mismo, el fracaso lo lleva al mejor éxito que es la humildad y el aprendizaje, para realizarse debe olvidarse de sí mismo”.

En dicho texto también se hace referencia a que las personas más parecidas a Adan 2, tienden a poseer un carácter más fuerte que quienes están más cerca del Adan 1.
Contrario a muchas formas de pensar en donde, para encontrar éxito en tus propósitos debes dedicarte fielmente a ellos, no descansar hasta lograrlos, o evitar distracciones que pudieran alejarte del propósito de lograr un aumento en el trabajo, lograr vivir en un mejor lugar o conseguir a la pareja que tanto se deseas.

Cuando encontramos la descripción de Adan 2, en el libro antes mencionado, resonaron fuertemente esas palabras tan parecidas a las que se encuentran en la famosa oración de San Francisco: “Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar; ser comprendido, sino comprender; ser amado, como amar.” Y resonaron debido a que, desde esa perspectiva, carácter significa ser fuerte ante cualquier adversidad, sobreponerse al fracaso con una firme convicción que viene del interior desde el origen de nuestra existencia, y que, nunca se agota (ya que, de agotarse, fracasas). Ser de carácter fuerte significa entonces ser una persona determinante, que falla tan poco que, dicho fallo parece un evento aislado entre sus incontables éxitos. La palabra carácter, no tiene relación con algún tipo de misticismo, si bien el carácter es humano, así también la religión, pero aisladas una de la otra, sin juntarse nunca.

En conclusión, existen un sin fin de expresiones humanas que dirigen la voluntad; el amor, la pasión y el espíritu en alguna vocación o propósito social, espiritual, material o físico, sin embargo, enfrentar “de cara” a la adversidad, moldear la voluntad y aceptar con humildad y fe, el propósito que se tiene, ya no que se quiere, el que apareció, el que te encontró, o mejor, dicho aceptar con humildad y fe lo que se preparó para tI en los misteriosos secretos del devenir humano, en vez de salir a buscar (y encontrar) el propósito de inspiración personal, son expresiones de un carácter con una fuerza y determinación envidiables. De pronto se encuentra una respuesta a preguntas como: ¿por qué viví esto? ¿Qué hice yo para merecer esto? ¿Por qué a mí? Y encontrar una respuesta muy sencilla como: porque tú eres el indicado.

Entonces nos dimos a la tarea de investigar en la vida de algún personaje histórico y entender si su vocación y razón por la que destacó en el mundo fue, en efecto, algo que más bien provenía de afuera, o si era una firme convicción de su interior. Para descubrir si las grandes proezas que influyeron el transcurso del mundo y la humanidad fueron ocasionadas pura y fielmente por la firme convicción de un ser humano en su sola mente, o si fue algo externo, algo más grande, lo que orilla a la humanidad a vivir con carácter.

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